miércoles, abril 26, 2006

Tiempo



Hace tiempo decidí no usar reloj. En principio tan solo fue por razones estéticas ya que en verano me dejaba una marca que no me gustaba, pero llego el otoño y después el invierno, y seguí sin ponerme reloj. Me di cuenta que no lo necesitaba, que no quería estar siempre pendiente de él, que aquel aparato no haría que los malos ratos fueran mas rápido y los buenos mas lentos, que el no seria capaz de retener a mi lado por mas tiempo a las personas a las que quiero y tampoco lograría hacer menos tediosas algunas horas de clase. Pero el tiempo siguió pasando. Y lo sigue haciendo. Y los malos ratos siguen siendo eternos y los buenos brevísimos. Y ahora me parecen muy lejanas las largas conversaciones nocturnas en “nuestra” parada del bus. Y en ocasiones no recuerdo con exactitud el tono de voz enérgico de mi abuelo Pruden. Y no se si lo viví o por el contrario alguien me contó una bonita historia de amor de un 14 de febrero de hace ya diez años. Y me miro en el espejo y veo que el tiempo ha pasado, que ya no soy un niño, que todo cambia a mi alrededor, que mis amigos se casan, se compran casas, se mudan de ciudad, cambian de trabajo… y no se si yo, por no llevar reloj logro quedarme un poco mas donde estoy o por el contrario, por no llevar reloj estoy un poco mas lejos de aquí… Tengo 26 años y no me siento viejo, seria una estupidez, pero a veces solo se que tengo eso, 26 años.